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Categoría: Parasha
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Nuestra Parashá afirma (Vaikra 19:3), “Un hombre deberá respetar a su madre y a su padre”. Por otro lado, en los Diez Mandamientos se nos pide, “¡Honra a tu padre y a tu madre!”

 ¿Cuál es la diferencia entre RESPETO y HONOR?

Traducimos el verbo תיראו por RESPETAR en vez de usar literalmente “temer” para que no se preste a confusión con el sentimiento de miedo. Explica el Rabbi Malbim Z”L (Meir Leibush ben Yehiel Michel Wisser – quien vivió entre los años 1809 y 1879 en Ucrania -) que etimológicamente ירא se deriva de ראה – mirar, ver – raíz que por extensión no sólo se refiere a mirar físicamente, sino a una cierta conciencia o comprensión del objeto hacia el que se dirige. Así  pues, señala Rashi, que ירא implica más una actitud de veneración por la superioridad y valor del objeto en cuestión con respeto a uno que un sentimiento de miedo ante él.

¿Por qué es que en nuestra Parashá, cuando la Torá ordena que se respete a los padres, la madre se menciona antes que el padre, mientras que en el pasuk (versículo) que hace referencia acerca de honrar a los padres, el padre se menciona primero?

En realidad, debemos honrar y respetar a ambos padres por igual. (No obstante, si la madre y el padre le dan simultáneamente un mensaje al hijo, éste deberá atender en primer lugar al deseo de su padre, debido a que la madre también está obligada a honrar a su esposo). Sin embargo, es natural que los hijos le tengan menos miedo a la madre que al padre, y por lo tanto, la Torá enfatiza primero a la madre cuando exige respeto hacia los padres.

Por otro lado, es la tendencia natural que los hijos tengan una estimación mayor por la madre que por el padre, y por consiguiente, la Torá consideró necesario colocar al padre en primer lugar cuando se ordena honrar a los padres.

A pesar de que la redacción literal de nuestro versículo es “un hombre debe temer” la mitzvá se aplica tanto para el hijo como para la hija. No obstante, la mujer casada que recibe órdenes contradictorias de su marido y de sus padres está obligada a respetar en primer lugar el deseo de su marido antes que el de sus padres. Por consiguiente, la Torá emplea el término, “un hombre debe temer”, - para enseñar que el hombre debe obedecer a sus padres siempre, mientras que la mujer, después del matrimonio está sujeta en primer término a la autoridad de su marido.

Por último en el versículo que ordena que le temamos a nuestros padres concluye, “y cuidarás mis Shabbatot; Yo soy HaShem, tu Di-s”. Este final nos enseña que el hijo debe ser indiferente a los deseos de sus padres si éstos lo obligan a transgredir un mandamiento de la Torá, por ejemplo, a profanar el Shabbat. HaShem dice, “Yo soy tanto tu Di-s, como el de tus padres. Por consiguiente, mi mandamiento Divino, tiene la autoridad máxima”.

Cuenta la  Torá, que uno de los hijos de Iaakov, Naftalí, se destacó en la mitzvá de honrar a sus padres. Cada vez que su padre, Iaakov, le enviaba un mensaje, él juntaba hasta su último aliento con el fin de realizar su pedido con la mayor rapidez. Sus esfuerzos por cumplir los deseos de su padre bordearon lo sobrehumano. Su amor por la mitzvá de honrar a sus padres le hizo renovar su vigor por cada misión como si ésta hubiera sido la primera orden. Por ende, Iaakov, en su última bendición a sus hijos alabó a Naftalí como a una “cierva que se envía” (Bereshit 49:21).

 Además, Naftalí, solía dirigirse a su padre Iaakov, de una manera extremadamente cortés, como si se estuviese dirigiendo a un rey. Por lo tanto, a su padre le agradaban las palabras de su hijo y lo elogiaba diciendo, “¡hablas muy bien y dices cosas sabias!” (Ídem).

La recompensa de Naftalí, Midá kenegued Midá, estaba compuesta por dos partes:

En la época de la profetiza Deboráh, a quien se le unió en el liderazgo Barak, un descendiente de Naftalí, los judíos fueron oprimidos por los canaanitas.

Sisrá, el general canaanita, movilizó un ejército enorme que estaba compuesto por la infantería y novecientas carrozas de hierro. Barak y Deboráh tenían en comparación un ejército mucho más pequeño de diez mil judíos, y les faltaba un equipo apropiado. Sin embargo, el Todopoderoso hizo que las fuerzas enemigas fueran vencidas en un día de manera milagrosa y que el general Sisrá fuese asesinado.

HaShem hizo posible esta victoria inmediata del pueblo judío a través del descendiente de Naftalí, Barak, por el mérito del primero que siempre realizaba de inmediato las órdenes de su padre.

Otra historia más de la Torá, después de ser vendido, Iosef estuvo apartado de su padre por veintidós (22) años. Iaacov pasó todo este tiempo de luto y con dolor por la pérdida de su hijo. Su dolor fue una retribución Midá kenegued Midá por haber estado lejos de su propio padre, Itzjak, por veintidós (22) años, el tiempo que pasó en la casa de Laván. Como no honró a su padre y a su madre por veintidós años, HaShem hizo que Iosef estuviera lejos de él por la misma cantidad de tiempo.

Shabbat Shalom